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viernes, 10 de junio de 2011

EL MATEMA

José Curia

No puedo aceptar como posible algo que, previamente, en cualquier tiempo y espacio, no haya sido considerado como totalmente imposible, pues estoy convencido de que la imposibilidad es el fundamento de la existencia humana, mediada sólo por la exactitud matemática, reserva última del poder creador y lugar evidente donde la firma divina está estampada. Si la nada, nada crea, y a pesar de ello todo existe, la refutación de lo imposible va de suyo. A lo que no podemos explicar solemos llamarlo “milagro”; yo tiendo a pensar que más bien se trata de confirmaciones de esto que sostengo, pues sabemos de milagros de todo tipo, pero no tenemos registro de ninguno que modificara el Teorema de Pitágoras. Y esto es así porque milagrear la matemática es discutir la infalibilidad creadora, pero como ello (discutir la infalibilidad creadora) ya fue hecho por el hombre, ha quedado entonces demostrado que es posible, y si lo es, es porque la imposibilidad no es un límite, sino, apenas, una posta.

Ricardo Tejerina / 2011

sábado, 2 de abril de 2011

LA LÓGICA DEL OXÍMORON

Kasimir Malevich

En ocasiones la lengua no traduce fielmente a la idea. Me refiero a que las limitaciones del lenguaje  (o de nuestras competencias para el uso del lenguaje) tienden a impedirnos decir lo que queremos de un modo preciso y consecuente con lo que pensamos. Por lo general esto ocurre cuando esas ideas que tenemos son tan intrincadas como recurrentes y demandantes. Se trata de pensamientos que suelen trascendernos, que nos obligan a explorar allende nuestros límites más convencionales y cotidianos. Lo curioso es que la reflexión acerca de ellos nos resulta familiar, como si alguien nos guiase en ese tránsito –o incluso lo hubiera sugerido–, pero con ausencia de detalles e imposibilidad de repreguntas. En silencio de meditación repasamos sus características y merodeamos, por momentos, alguna conclusión con pretensión asertiva. No obstante, la reproducción de ese universo es inversamente proporcional a la profundidad de nuestro viaje reflexivo. Cuanto más profundo es éste, menos claridad tenemos para poder expresarlo. Imagino que la razón obedece a que es cualidad de dichas ideas permanecer en lo recóndito o preservar –al menos– parte de su aura, aun cuando fueran advertidas,  sorprendidas o develadas por anónimas y plurales experiencias de pensamiento. La lógica de las construcciones antagónicas suele acudir en nuestra ayuda. Por ello es que hablamos del “instante eterno”, de la “luminosa oscuridad” o de la “vida muerta”. Intuyo que las ideas de las que hablo están plagadas de contradicciones, eso las vuelve tan inexplicables pero al unísono tan necesarias. Asumo que los hombres respondemos a la lógica del oxímoron[1], eso explicaría la existencia de las ciencias de la fe, que son aquéllas que intentan hacernos comprender lo que no nos pueden explicar.  

Ricardo Tejerina / 2011


[1] (Del gr. ξμωρον).  Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador. Diccionario de la lengua española, Vigésima segunda edición, Real Academia Española.




domingo, 27 de marzo de 2011

EL SUEÑO

Salvador Dalí

Hay un lugar, según algunos, donde moran los muertos a la espera del juicio final. Llaman a ese sitio: El Hades. Hay un lugar, según muchos otros, donde moran los vivos a la espera de la muerte. Llaman a ese sitio: La Tierra. Pero, también, existe un punto donde ambas esperas –la del juicio final y la de la muerte– confluyen. Llaman a ello: el sueño. No es exactamente un sitio, sino, más bien, un estado. Quien pueda comprender la diferencia, muy cerca estará de responder la pregunta que tantas veces se ha formulado acerca de la vida y la muerte.

Ricardo Tejerina / 2011


domingo, 20 de marzo de 2011

DE LA ANTINOMIA DE LA FINITUD Y LA ETERNIDAD

Wassily  Kandinsky

En determinados momentos del día suelo pensar en las características de la eternidad. Lo hago de modo tal que intento hacerme una idea cuantitativa de lo que implican millones de años hacia atrás y lo mismo para adelante. Confieso que la mayoría de las veces termino abrumado. En futuras ocasiones intentaré despojarme de la atadura del tiempo y pensaré a la eternidad sólo como un estado. De ser así, lo eterno no sería otra cosa que un presente continuo, lo que devendría contradictorio puesto que por definición dicho estado resulta una arbitrariedad reflexiva, una suerte de céteris páribus. No obstante, asumo que el no tener que pensar en el pasado y en el futuro haría a la eternidad más tolerable, aunque, intuyo, que llegado el caso cavilaría con nostalgia acerca de la finitud perdida. En ese punto: la conciencia de ella (de la finitud) me haría inferir que la eternidad no es tal, o que más bien se trata de un sofisticado engaño con que lo condenado a extinguirse nos entretiene todo el tiempo, eternamente. Así las cosas, finitud y eternidad ya no me resultan antónimos.

Ricardo Tejerina / 2011

jueves, 24 de febrero de 2011

DEL COROLARIO DE ASIMOV A LA PARADOJA DE TEJERINA


Isaac Asimov entronizado, Rowena Morrill

 El corolario de Asimov

“Si una herejía científica es ignorada o rechazada por el público,
existe alguna posibilidad de que sea correcta.
 Si una herejía científica es apoyada por el público en general,
casi seguro que está equivocada.”

Isaac Asimov

Repasando la obra de Asimov uno llega a la conclusión que es un escritor imprescindible y extraordinario. Por caso, es el autor de Yo, Robot y El hombre bicentenario entre tantos otros relatos de ciencia ficción.
Leer a Asimov es siempre una aventura, navegar por su universo imaginario produce inacabables deslumbramientos, pero, adentrarse en los círculos más íntimos de su razón puede resultar abrumador y lograr sumirnos en el más hondo desconsuelo.
En lo que él mismo llamó su corolario, da por seguro que los hombres tienden a creer en todo aquello que les proporcione felicidad o que les alivie la conciencia de la finitud, y que de esa necesidad (la existencia de una trascendencia) surgieron las religiones, los mitos y, naturalmente, todas las supersticiones.
Asimov explicaba que la ciencia, a través del tiempo, se ha encargado de dejar sin fundamentos a los enunciados religiosos y que sobran los ejemplos sobre el particular desde Galileo hasta nuestros días. Razón por la cual aseguraba respecto de la muerte que la misma es “la permanente disolución de la personalidad” y que “tras ello, en cuanto a la conciencia individual, no hay nada”.
Entiendo que su última afirmación encuadra en una herejía científica, y que para vulnerar su acierto (siguiendo lo expuesto en su corolario reproducido en el epígrafe) todos deberíamos apoyarla firmemente, hecho que “casi seguro la tornaría equivocada”.
 Como en todos los casos siempre se trata de creer en una u otra cosa, he llegado a una conclusión que di en llamar: La paradoja de Tejerina, puesto que es una buena opción creer en Asimov para alentar, por oposición, la posibilidad de perdurabilidad eterna del alma humana.
Como habrán notado, he resuelto darle un uso utilitario a mi credulidad y también a mi fe. Los invito a hacer lo mismo sirviéndose de mi paradoja, la que define que: "Creer en Asimov es, al mismo tiempo, fortalecer la hipótesis contraria."

Con respeto y admiración
a Isaac Asimov (1920-1992).

Ricardo Tejerina / 2011