viernes, 14 de noviembre de 2014

PRÓLOGO PARA ENTRELAZADOS


De pronto me he puesto a pensar en el sentido que tienen los recuerdos. Quise ahondar en esas figuras, en esas amalgamas retrospectivas que anidan en nuestra mente y en nuestro corazón. Hay recuerdos de distinto tipo, es cierto, también hay maneras de hacer emerger los que nos gratifican y dejar que se corran hasta lo recóndito aquellos que más nos lastiman y duelen. El tiempo suele ser nuestro aliado muchas veces: morigera las penas y en ocasiones hace que evoquemos como grandes gestas a pequeñas labores. ¡Y está bien! Nuestros recuerdos son parte de la construcción de nuestra identidad, tenemos el derecho de permitirnos algunas licencias, sin por ello dejar de ser veraces.

Pues, entonces, ahora que los autores de este libro me han distinguido (mucho más que generosamente) invitándome a prologar la primera edición de Entrelazados, yo me permitiré confiarles mis recuerdos de aquel día tan especial en que la Providencia empezó a tejer este feliz desenlace.

Se trata del 11 de mayo del año en curso. A sala desbordante, en la 39na Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, presentamos Letras del Face: compilación de cuento y poesía realizada con mano diestra por mi querida amiga y colega Marita Rodríguez-Cazaux, y que fuera publicada por Editorial Dunken dentro del programa de promoción y difusión de nuevos autores que la Casa lleva a cabo desde hace más de una década.

Ciertamente, Entrelazados surge de allí. ¡Enhorabuena! Pues, es la feliz coincidencia de un grupo de pujantes poetas y cuentistas que decidieron tomar el destino en sus propias manos, construir la senda por la que caminan, y poner en valor –y en libro– el fruto de su trabajo e inspiración que son sus obras.

Recuerdo la calidez de aquel encuentro, la luminosidad impecable de la Sala Victoria Ocampo (tal vez una de las más bellas de toda la Feria, ¿no creen?), el orgullo legítimo de cada autor, la felicidad en los rostros de familiares y amigos de cada uno de ellos, y la sencillez y armonía de todos los que hicieron posible aquella celebración…

Celebración, ¡tal cuál! Suelo decir cada vez que me toca presentar un libro que se trata de una celebración, y sé que aun reiterada, esa sincera costumbre no pierde su dulce sabor. Me gusta decirlo así, y me encanta mucho más cuando veo infinitos rostros que me devuelven un asentimiento cómplice con un gesto, una mirada, o una sonrisa. 

Y como de celebraciones hablamos, Entrelazados también lo es. A la destreza y competencias literarias, los autores aquí reunidos le han incorporado la capacidad de gestión. Se han organizado para hacer trascender sus producciones. Formaron un colectivo de sentidos y se volvieron pioneros de sí mismos. De por sí, eso ya constituye un logro singular.

Pero, esencialmente, este libro contiene cuentos y poemas que el lector hallará diseminados aleatoriamente entre las páginas y que ya forman parte de la continuidad histórica de lo escrito que acredita jóvenes cinco mil años. Del modo más sincero, me llena de satisfacción, pues sé que este libro buscará a sus compañeros: quizás viajará en una valija, o dormirá sobre una mesa de luz, o será testigo de un amor, o tal vez confidente de algún llanto. En buen romance, cumplirá con su destino.  Y está bien.

Quiero terminar estas líneas introductorias como empecé, recordando, pero de otro modo. Bioy Casares decía que el propósito fundamental de la profesión de escritor es contar cuentos; por su parte Borges señalaba que la poesía ante todo debía emocionar; no falto a la verdad si les adelanto que aquí, ambas premisas están cumplidas.

RICARDO TEJERINA
Buenos Aires, septiembre de 2013


sábado, 8 de noviembre de 2014

LES PRESENTO A LILITHLA



Llega la nueva novela de Ricardo Tejerina. Como con El Carnaval del Diablo, Editorial Dunken vuelve a confiar en el autor publicándolo dentro de su catálogo institucional. Aquí el avance de una historia que mixtura la aventura y el enigma mítico.

Por estos días se estará presentando mi nueva novela, Lilithla – La tentación tiene nombre de mujer. Por avatares del destino y de las decisiones editoriales, se publica dos años después de El Carnaval del Diablo (Editorial Dunken, 2012), que –por cierto– fue escrita posteriormente.

Me gustaría en esta habitual columna cultural, compartir con todos ustedes algunos pormenores de la obra, puesto que me parece interesante poder contar lo que hay entre bambalinas de una novela, las motivaciones para escribirla, las fuentes consultadas, los propósitos, y otras cuestiones que también hacen al texto, aunque generalmente pasan inadvertidas.

“Lilithla” es lo que podríamos denominar un thriller. Una aventura, que incluye misterios, persecuciones, enigmas, traiciones e incertidumbres de los personajes. Pero, detrás de ese frenetismo aventurero subyace una aproximación a aspectos metafísicos, religiosos y míticos. De hecho, la novela está basada en un mito de larga tradición, el de Lilith, que según esos relatos de condición sagrada o apócrifa según se miren, fue la primera mujer. Es decir, que partimos de la idea que en la Creación hubo una presencia femenina que antecedió a la Eva bíblica. 

Este contexto que envuelve a la novela fue muy bien advertido y descripto en el prólogo por mi estimado colega Julio Carreras (escritor y periodista oriundo de Santiago del Estero). Julio, tuvo la deferencia de prologar esta edición, y su aporte resulta tan valioso, que sinceramente les pido a aquellos que se adentren en el texto que no lo hagan sin leer primero las palabras del prologuista. No encuentro un mejor introito que el que Carreras ha tenido la gentileza de hacer a mi pedido, ya que brinda un conjunto de datos y saberes propios de un estudioso –como en verdad lo es– de cuestiones trascendentales profundas y de antiguos y asombrosos arcanos.

Volviendo a la novela, les comento que comencé a escribirla en 2009. El descubrimiento de los misterios que rodeaban a Lilith me llevó a urdir una trama que rescataba el mito tradicional, pero que a su vez lo transportaba a la actualidad. Imaginé que aquella Lilith invisibilizada por la historia sacra, bien podía tener el derecho de reclamar su lugar, y que su negación pudo implicar una original conspiración que derivaría en una actual conflagración. De allí surgió la frase utilizada en la promoción: “La batalla final entre el Cielo y la Tierra se librará entre nosotros”. 

Pero, ¿por qué una batalla?, y ¿por qué entre el Cielo y la Tierra? Ocurre que Lilith fue –según el relato mítico– la primera mujer de Adán. Fantástica y rebelde, la digna Lilith nunca aceptó la dominación ni la supremacía del hombre. En términos contemporáneos, podríamos asegurar que Lilith fue, entonces, la feminista fundacional. Borrada de la historia sagrada, se la vinculó pues con el demonio, y son innumerables las menciones que la definen como vampiresa o demonio femenino, lasciva, cruel y reina de los territorios oscuros. 

Al rescate de esa Lilith, va pues esta novela. Siempre consideré la lógica consecuencial: ésa que hace que el mundo se mueva por causas y efectos. Un pequeño cambio, una sutil alteración y todo puede ser modificado radicalmente. ¿Pudo, entonces, haber otra humanidad? ¿Habría una chance de cambiar el mundo si reparásemos lo que se rompió en el origen? He allí las preguntas que motivaron esta propuesta. 

La trama llevará a conocer el derrotero de la protagonista, desde su nacimiento hasta la fascinación, a la que he decidido llamar “Lilithla” como tributo a la Lilith original y el agregado del artículo femenino “la” al final, como condición de género.

Aparecerán en los sucesivos capítulos (cincuenta, más prefacio y epílogo) ángeles y demonios, más hombres y mujeres de carne y hueso dispuestos a correr todo tipo de riesgos y contra reloj, para cumplir sus cometidos. La historia transcurrirá en diferentes locaciones, muchas de ellas reales, verosímiles y perfectamente reconocibles, y otras ideales y fantásticas. No obstante, la mayoría de las explicaciones, exposiciones y conjeturas, tienen mucho de rigor verídico y aquéllas que no, sólo están separadas por una delgada línea que torna difuso el discernimiento.

El propósito de esta novela, es divulgar (un poco) y entretener (bastante más). Allende algunas otras pretensiones, sinceramente creo que la literatura contemporánea no debe soslayar la idea de convocar al lector desde un lugar llano y proponerle un relato que haga volar su fantasía y –de ser posible– le dispare unos cuantos interrogantes, merced a un convite digno.

Les confieso que he disfrutado escribiendo Lilithla, por lo que espero que los lectores puedan también acercase a ella con ese fin. Esta suerte de confesión de autor es un poco una devolución anticipada a todos aquellos a los que les despierte curiosidad el tema de esta novela, que mucho tiene que ver con la búsqueda de la redención y de hallar –por fin– el propio destino. Aprecio, sinceramente, la posibilidad de poder comentar sin intermediarios los pormenores del texto y a la vez por esta vía poder invitarlos humildemente a su lectura. 

No podría concluir estas líneas sin agradecer a los muchos que hicieron posible este nuevo lanzamiento: a todos muchas gracias.

Sólo me resta ver partir a Lilithla y dejarla libre, como ella siempre lo quiso.

Hasta la próxima mirada.
El Ojo Críptico


viernes, 31 de octubre de 2014

DEUDA DE SANGRE

Ernesto de la Cárcova

       La noche anterior, cuando Gómez se iba del garito, escuchó al negro Alonso, un matón conocido que ya se había cargado algún cristiano, decir:
-          Quedé en ir mañana a las cinco de la tarde a lo del gordo Papalardo… le debo cinco mil pesos, me va a esperar sentado, en un rato me rajo para Montevideo, tengo a la yuta en los talones…

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La última calle la caminó despacio. Era invierno, el hombre llevaba sombrero, bufanda y guantes. El peso que sentía en el bolsillo derecho del pantalón le recordó que traía todo lo que debía para saldar su deuda. Por un instante, pensó en volverse, pero desistió de la idea, a fin de cuentas ya había llegado.
 Apoyado en el escalón de la entrada hizo sonar el timbre dos veces. Unos ojos yertos asomaron detrás del postigo. Con cierto desgano y titubeo, una mujer abatida le franqueó la entrada. Él, con la voz ligeramente cascada, sólo dijo: Soy Alonso –si bien se apellidaba Gómez–.
Conocía el camino. Ya había estado allí, aunque hacía mucho tiempo. En el fondo del descuidado patio, cuarenta metros después de la entrada, una puerta entreabierta lo esperaba.
-          Por fin llegaste Gómez, te demoraste, hoy esperaba a otro. ¿Viniste disfrazado? –le dijo un hombre obeso, que aguardaba sentado en un banco enclenque.
-          Hace frío respondió el recién llegado–. Y agregó: Con respecto a la demora… no alcanzaba a reunir lo necesario, no fue fácil.
El gordo Papalardo se incorporó y con familiaridad le puso una pesada mano sobre el hombro izquierdo, al tiempo que con la otra le acicaló la bufanda.
-          Bueno, ambos sabemos que las deudas de juego se pagan. Aunque, esta vez, no se trata de dinero… –le espetó el corpulento hombre.
-          Siempre lo hice, soy buen pagador, nunca me quedo con lo que deja de ser mío. Sucede que ahora me reclamas algo que es de la Yoly… –respondió Gómez.
-          No te reclamo nada que tú no hayas puesto en juego. Dame las tres cadenas de oro, incluso la que tiene el dije partido, y puedes irte por dónde has venido –insistió Papalardo, demostrando que conocía muy bien lo que había ganado.
-          Te has vuelto huraño con los años. Aún no toleras que ella me haya elegido a mí y te dejase… Es todavía una mujer hermosa, quizás sea lo único valioso que gané en toda mi vida… y sabes que ni siquiera estaba en juego, simplemente, tú la perdiste. Aquí tienes las cadenas –y el hombre extendió su brazo con las tres, dentro del puño apretado.
-          ¡Eres un bastardo! Nada más recupero lo que es mío. Yo las gané en buena ley. Esa percanta, ya no está conmigo, ¡pues entonces las cadenas de oro vuelven a mí! –sentenció el acreedor y abrió su mano para recibir la valiosa y dorada paga.
Gómez lo miró fijo. Sintió que esa última ofensa lo justificaba aún más. Luego, se dispuso a darle las cadenas. Al entregárselas, comenzó a presionarlas sobre la palma del hombre que, nervioso, intentaba zafarse. Éste, casi lívido le recriminó:
-          ¿Qué haces, imbécil?
-          Te doy tus cadenas, incluso la del dije partido, tal como lo deseabas…respondió el deudor, mientras aumentaba la presión, siempre con sus duros guantes puestos.
Gómez sintió como el dije, partido y filoso, se le incrustaba en la carne al robusto hombre que luchaba por soltarse. De pronto, un rudo y certero cabezazo, hizo que Papalardo, inconsciente, se desplomase golpeando mortalmente su humanidad contra el piso. Un hilo de sangre sentenció ese último juego, en el que uno de los dos lo perdió todo.
Sin muestra de piedad alguna, Gómez tomó las tres cadenas, quitó de un tirón el dije partido y ensangrentado, y otra vez atravesó el largo patio, ahora con destino de salida. Una vez en el vestíbulo miró a la mujer desgarbada de ojos ciegos y lamentó su destino de paupérrima ama de llaves. Se le acercó y puso entre sus manos, delicada y cuidadosamente, cada una de las tres cadenas de oro.
Ella, lo buscó en vano con su mirada extinta.
-          Soy Alonso, sólo vine a pagar, nunca me quedo con lo que ha dejado de ser mío… –dijo Gómez, con la voz ligeramente cascada.
Luego, observó su reloj, marcaba las cinco y veinte… Ya en la calle, arrojó el dije por una alcantarilla y, pensando que, de ser necesario, Montevideo siempre es una buena opción, por donde vino, se marchó.


Ricardo Tejerina / 2009


martes, 7 de octubre de 2014

ABSURDAS RAZONES PARA NO AMAR

Salvador Dalí

Llenaré los versos rotos de este poema extremo
con palabras que me lastimen los ojos con sus sonidos roncos.
Me abrumo con la bruma de tu hartazgo,
desmirando a través de la ventana de los vidrios rotos.
Mientras tanto, envuelvo los sueños de ayer con el diario de hoy,
ese mismo que mal vende nuestra historia a precio vil.
Desnuda de palabras estás ante mí, travestida de llanto…
Y yo, que sólo vine a hablar por teléfono,
en la alacena guardé tu olvido y en la heladera tu corazón;
sin lunas, sin tiempo, sin esperanzas,
inventando –otra vez– absurdas razones para no amar.

Ricardo Tejerina

domingo, 5 de octubre de 2014

NOCIONES DE LIDERAZGO Y CONDUCCIÓN EN EL MOVIMIENTO DE TRABAJADORES


El autor participó entre el 17 y el 23 de agosto pasado en el Seminario-Taller Internacional “Un nuevo liderazgo en el Movimiento de Trabajadores del Cono Sur”, realizado por la Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL) “Emilio Máspero”, en Praia Grande, San Pablo. En esta entrega compartimos el documento final que presentara en dicha ocasión.

Teorías y prácticas para la construcción de un nuevo paradigma

Como en cualquier disciplina, cuando analizamos el liderazgo y la conducción, en este caso específicamente en el movimiento de trabajadores de América Latina y el Caribe, y más particularmente en la República Argentina a través de este ensayo, debemos definir el concepto inicial del cual partimos. Eso, no sólo facilita el desarrollo de la idea, sino que orienta al receptor en el sentido que pretendemos.

Pues bien, diremos entonces que en base a las fuentes teóricas y la experimentación práctica en la realidad, el liderazgo es en sí, una CUALIDAD. De este modo podemos asumir que también es un VALOR, pues el líder liderará a través del ejemplo (actos) y la palabra (prédica). Por su parte, la conducción y más concretamente el acto de conducir, es una CAPACIDAD, o sea una acción que bien puede optimizarse y aprenderse para su mejor aplicación y desempeño.

Sin embargo, no debemos escindir al liderazgo de la conducción, sino -luego de comprender las diferencias- tomar a ambos como un conjunto virtuoso que actúa de modo complementario y sincrónico, para formar a partir de su imbricación un sentido que los necesita juntos y combinados.

Esto es así porque debemos entender que cuando hablamos de liderazgo y conducción, lo que hacemos es hablar de un VALOR EN ACCIÓN.

Veamos la diferencia entre un líder y un jefe. Ambos están al frente de un colectivo. Sin embargo el jefe se reduce simplemente a dar órdenes, individualiza su función y se limita a IMPARTIR, no aporta valor a su actividad, sólo la realiza, a veces bien, a veces mal, medirá su gestión por el éxito (propio) o el fracaso (ajeno), no más. Por su parte, el líder enseña, escucha, aprende, desaprende, reaprende y colectiviza, su propósito es COMPARTIR. Tiene mejores posibilidades de acierto, y en el caso de caer en el error también tomará al mismo como parte del proceso de aprendizaje. ¿Cuál es, entonces, nuestro modelo? 

En el movimiento sindical argentino hay una lógica vertical y reticente a los cambios. Eso se expresa en la continuidad más o menos constante de un modelo sindical que eterniza direcciones y prácticas.

En la mayoría de los casos, las renovaciones no son producto de la superación política, sino del envejecimiento vegetativo de la clase dirigente y dominante, pero esto no anula -sin embargo- la resistencia.

Hoy día, la lucha de clases en términos marxistas, como bien se apunta en el documento "Nuevas tendencias del sindicalismo para el siglo XXI", utilizado en el Seminario - Taller realizado en Praia Grande (2014), continúa librándose, pues el campo social sigue siendo el lugar del conflicto y las tensiones; pero ya no es sólo entre clases, sino también intraclases. Dentro de la propia clase trabajadora se suceden tensiones y debates, conflictos y polémicas, y los sindicatos deben mudar para no ser reemplazados o “alternativizados” por otro tipo de organizaciones más o menos formales que buscan empoderarse y legitimarse.

De momento que nos planteamos "un nuevo liderazgo en el movimiento de trabajadores", lo que asumimos de suyo es que también hay "un viejo liderazgo" que debe ser reemplazado por un nuevo PARADIGMA. Esa situación es la clara evidencia de una lucha intraclase, y ésta es asimismo -y a no dudarlo- tan necesaria como oportuna.

Ese nuevo norte en cuanto a liderazgo y conducción encuentra fundamentos en la alegoría que nos plantea el documento "Remar mar adentro", utilizado en el Seminario - Taller que tuviera lugar en Bogotá (2013). En él, a través del sentido figurado, se ponen de manifiesto todas las exigencias que rodean al líder y al equipo dentro de una organización. Cada cuál debe atender su rol (misión) y servir al conjunto y a los objetivos (visión), de modo tal que todos son INTERDEPENDIENTES. Por lo tanto, la acción individual reporta a un colectivo, y éste se vale de las mejores competencias y habilidades de sus miembros, en pos de ser efectivo, eficaz y eficiente, ajustado a valores y principios.

El nuevo liderazgo implica un salto en la calidad representativa y una firme convicción transformadora. Pero éste no surgirá espontáneamente, sino como producto del proceso de aprendizaje en base a la renovación de los CONTENIDOS y la reafirmación de los VALORES, en la formación de los NUEVOS DIRIGENTES que necesitamos, principalmente mujeres y jóvenes.

Hasta la próxima mirada.
El Ojo Críptico